#DESAYUNODELDÍA: LA UTOPÍA DE LA MÚSICA PARA NADIE
“No hago música pensando en ningún público, hago música y la pongo ahí y que la escuche quien quiera”, las palabras de la artista Kxbra Kei en el primer panel presentado de IONES se festejó el pasado 28 de junio por la mañana en el Auditorio de la sede Mario Bravo de la UP (Universidad de Palermo), cuyo objetivo general fue generar un debate y un espacio de reflexión acerca de cómo se establece la relación entre la música y el sistema digital, y cómo llevar adelante un proyecto musical en la era de las digitalización y las redes sociales.
La reflexión que generaron esas simples palabras fue inmediata. Qué, cómo, nadie, todos.
A nivel comunicacional, es una insensatez pensar que no se piensa en nadie cuando se realiza una obra artística. Sería naïve creer esto, ya que cualquier producto que salga a la luz, siempre, se realiza con la concepción base de que hay un otro y es a ese otro a quien se quiere llegar. Incluso diciendo “yo no pienso en nadie” se está pensando en el otro como un nadie. No existe la experiencia de creación individual sin pensar en un público objetivo aunque sea, en algunos casos extremos, solamente la misma persona. Si bien el debate sobre el lugar del otro en la formación no sólo de la obra, sino de la propia subjetividad, merecería un capítulo aparte, queda claro que como seres sociales funcionamos con la existencia de otro.
Además, considerar que “la música está ahí”, y que la escuche quien la escuche, es desconocer un mecanismo que funciona a base de géneros y formas melódicas que gestan diferentes nichos. Si bien es cierto que en la música hay una dosis de “espiritualidad” o, como diría Adorno, “aura” (si consideramos la música como obra de arte), también es cierto que es un producto cultural como cualquier otro y, como tal, no puede tener un target indefinido e infinito, sino que se segmenta.
Pensar que la música permanece en un estado de liberación total y que toca los espíritus de las personas sin ningún tipo de restricción, es como pensar en un mundo donde no hay nada más que paz: un utopismo que ciega a los artistas de una realidad mercantilista que, aunque se la niegue “en honor al arte”, existe y funciona.
Esto va de la mano con la concepción que existe, sobre todo en el under y lo autogestionado, sobre los medios hegemónicos y lo mainstream como la reencarnación del demonio. Pero como ocurre con un gran número de artistas, son estos mismos demonios los que sacan a relucir el brillo propio de los trabajos under, mientras ellos siguen profesando su “odio a las grandes corporaciones”, pero dependiendo de ellas completamente (podría morir nombrando artistas que hacen esto). Si bien es cierto que las grandes corporaciones suelen tener una visión tan mercantilista de los productos musicales que a veces terminan por destruirlos, también es cierto que son la forma de llegar a un público y a una dimensión que de ninguna otra manera se llegaría.
Esto en absoluto desconoce el crédito que tiene las bandas auto gestionadas que por decisión propia prefieren siempre trabajar de esa forma, como también los que siempre prefieren el público del under; pero la visión utópica del éxito sin corporaciones ni mercantilización de por medio es rayana en la inocencia.
El resto del evento, sobre todo en el segundo panel, se desarrolló con un interesante debate sobre las formas de producir, gestionar y difundir un producto musical en la era del bit. Algo positivo tenía que decir, ¿no?
ARTÍCULO: Charlotte Niza | ARTE: Belén Ladaga | FRANCISER 2017.

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